Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe

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Edgar Allan Poe
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Copia fotográfica de Poe por Oscar Halling, utilizando el Daguerrotipo «Thompson», uno de los últimos retratos de Poe (1849).
Nombre Edgar Allan Poe
Nacimiento 19 de enero de 1809
Boston, Massachusetts
Defunción 7 de octubre de 1849
(40 años)
Baltimore, Maryland
Ocupación escritor, cuentista, poeta, crítico, periodista y editor
Nacionalidad estadounidense
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Edgar Allan Poe (Boston, Estados Unidos, 19 de enero de 1809Baltimore, Estados Unidos, 7 de octubre de 1849) fue un escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense, generalmente reconocido como uno de los maestros universales del relato corto, del cual fue uno de los primeros practicantes en su país. Fue renovador de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror. Considerado el inventor del relato detectivesco, contribuyó asimismo con varias obras al género emergente de la ciencia-ficción.[1] Por otra parte, fue el primer escritor estadounidense que intentó hacer de la escritura su modus vivendi, lo que tuvo para él consecuencias desastrosas.[2]

Fue bautizado como Edgar Poe en Boston, Massachusetts, y sus padres murieron cuando era niño. Fue recogido por un matrimonio adinerado de Richmond, Virginia, Frances y John Allan, aunque nunca fue adoptado oficialmente. Pasó un curso académico en la Universidad de Virginia y posteriormente se enroló, también por breve tiempo, en el ejército. Sus relaciones con los Allan se rompieron en esa época, debido a las continuas desavenencias con su padrastro, quien a menudo desoyó sus peticiones de ayuda y acabó desheredándolo. Su carrera literaria se inició con un libro de poemas, Tamerlane and Other Poems (1827).

Por motivos económicos, pronto dirigió sus esfuerzos a la prosa, escribiendo relatos y crítica literaria para algunos periódicos de la época; llegó a adquirir cierta notoriedad por su estilo cáustico y elegante. Debido a su trabajo, vivió en varias ciudades: Baltimore, Filadelfia y Nueva York. En Baltimore, en 1835, contrajo matrimonio con su prima Virginia Clemm, que contaba a la sazón 13 años de edad. En enero de 1845, publicó un poema que le haría célebre: “El cuervo“. Su mujer murió de tuberculosis dos años más tarde. El gran sueño del escritor, editar su propio periódico (que iba a llamarse The Stylus), nunca se cumplió.[3]

Murió el 7 de octubre de 1849, en la ciudad de Baltimore, cuando contaba apenas 40 años de edad. La causa exacta de su muerte nunca fue aclarada. Se atribuyó al alcohol, a congestión cerebral, cólera, drogas, fallo cardíaco, rabia, suicidio, tuberculosis y otras causas.[4]

La figura del escritor, tanto como su obra, marcó profundamente la literatura de su país y puede decirse que de todo el mundo. Ejerció gran influencia en la literatura simbolista francesa y, a través de ésta, en el surrealismo, pero su impronta llega mucho más lejos: son deudores suyos toda la literatura de fantasmas victoriana y, en mayor o menor medida, autores tan dispares e importantes como Charles Baudelaire, Fedor Dostoyevski,[5] [6] [7] Franz Kafka,[8] H. P. Lovecraft, Ambrose Bierce, Guy de Maupassant, Thomas Mann,[9] Jorge Luis Borges, Clemente Palma, Julio Cortázar, etc. El poeta nicaragüense Rubén Darío le dedicó un ensayo en su libro Los raros.

Poe hizo incursiones asimismo en campos tan dispares como la cosmología, la criptografía y el mesmerismo. Su trabajo ha sido asimilado por la cultura popular a través de la literatura, la música, tanto moderna como clásica, el cine (por ejemplo, las muchas adaptaciones de sus relatos realizadas por el director estadounidense Roger Corman), el cómic, la pintura (varias obras de Gustave Doré, v. gr.) y la televisión (cientos de adaptaciones, como las españolas para la serie Historias para no dormir). (Véase Repercusión de Edgar Allan Poe.)

En una de sus cartas, dejó escrito:

Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro.

Contenido

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Biografía

Antecedentes

El bisabuelo paterno de Poe, John Poe, emigró de Irlanda a Estados Unidos en el siglo XVIII y se hizo granjero, casándose con una inglesa; ambos pretendían ser de ascendencia noble. Uno de sus diez hijos fue David Poe, quien a su vez se casó con una emigrante irlandesa, Elizabeth Cairnes. Vivían en Baltimore, Maryland; David Poe era carpintero y, al estallar la revolución contra los ingleses, llegó a prestar dinero al ejército. Por méritos, recibió el título honorífico de “general”. David y Elizabeth tuvieron siete hijos. El mayor, David, fue el padre de Edgar; la segunda hija, Maria (más tarde Maria Clemm), fue la tía y suegra del poeta (madre de su mujer, Virginia). La abuela materna de Edgar, Elizabeth Arnold, fue cantante de ópera y actriz romántica y, con su hija, del mismo nombre, llegó emigrada de Londres, Inglaterra, a Estados Unidos en 1796. David Poe hijo, estudiante de Derecho, dejó los estudios para convertirse en actor. En 1804 conoció a la bonita señorita Arnold —actriz de gran encanto y con un extenso repertorio: llegó a representar unos 200 papeles—, que estaba casada a la sazón con un tal señor Hopkins, quien moriría poco después. David y Elizabeth se casaron seis meses más tarde y se instalaron en Boston, Massachussets, donde nacieron sus dos primeros hijos.[12]

Primeros años

Edgar nació el 19 de enero de 1809 en la ciudad de Boston, donde ya había nacido su hermano mayor, William Henry Leonard (1807). La hermana menor, Rosalie, vio la luz en Richmond, en 1810.[13] Edgar pudo haber recibido dicho nombre por un personaje de William Shakespeare que aparece en la obra El rey Lear, que representaban los padres en 1809, año de su nacimiento.[14] David Poe abandonó a su familia en 1810,[15] y su mujer, Elizabeth, murió un año después de tuberculosis; tenía 24 años. Lo único que conservó Edgar de sus padres biológicos fue un retrato de su madre y un dibujo del puerto de Boston. A su hermana Rosalie le correspondió un joyero vacío.[16] El motivo por el cual Poe y Rosalie fueron adoptados fue que, al morir su madre, los niños quedaron totalmente desamparados, en Richmond, mientras que los abuelos, que vivían en Baltimore, se hacían cargo de William Henry, que ya vivía con ellos.[17] En cualquier caso, Poe fue acogido por una de las familias caritativas que habían cuidado de los niños al morir su madre: el matrimonio formado por Frances y John Allan, de Richmond (Virginia), mientras que Rosalie fue acogida por la familia Mackencie.

Su padrastro, del cual Edgar tomaría el apellido, fue un acaudalado comerciante de ascendencia escocesa. Sus negocios incluían el tabaco, tejidos, tés y cafés, vinos y licores, grano, lápidas, caballos y aun el comercio de esclavos;[18] hombre colérico e intransigente, desempeñó un papel destacado —negativamente hablando— en la vida del escritor. Sus biógrafos hacen notar que John Allan tuvo varios hijos naturales fuera del matrimonio.[19] [20] Los Allan acogieron al niño, pero nunca lo adoptaron formalmente[21] aunque le dieron el nombre de “Edgar Allan Poe”.[22] Su madrastra, que no había podido tener hijos, sentía verdadera devoción por el muchacho y lo quiso y mimó siempre. Edgar recibió una buena educación sureña, y pasaba el tiempo leyendo las revistas inglesas que encontraba en los almacenes de su padrastro. También escuchaba numerosas leyendas que iban nutriendo su imaginación, como las marineras que contaban los capitanes de veleros que se acercaban a Richmond. Algunas de estas leyendas inspirarían en su momento una de sus obras fundamentales: La narración de Arthur Gordon Pym.[23]

La familia Allan se trasladó a Inglaterra en 1815, cuando Edgar contaba seis años. El niño asistió a un colegió en Irvine, Escocia (el pueblo donde había nacido John Allan), durante un corto periodo, pero que fue suficiente para ponerlo en contacto con la cultura y el viejo folclore escoceses. Posteriormente la familia se trasladó a Londres (1816). Edgar estudió en un internado de Chelsea hasta el verano de 1817. Más tarde ingresó en el colegio del Reverendo John Bransby en Stoke Newington, que entonces era un suburbio al norte de la ciudad.[24] Allí aprendió a hablar francés y a escribir en latín. De estas vivencias y de la contemplación de los paisajes y arquitecturas góticos de Gran Bretaña nacerían años después relatos como “William Wilson“.[25]

Edgar regresó con los Allan a Richmond, Virginia, en 1820. En los años siguientes se iría fraguando su carácter. En 1823, con 14 años, se enamoró apasionadamente de la madre de un compañero de estudios, a la que dedicó el conocido poema “To Helen”. Esta mujer, llamada Mrs. Stanard, era de una gran belleza y contaba a la sazón 30 años; murió al año siguiente. Fue su primer gran amor.[26] A los quince años era pacífico, aunque no del todo sociable. Tuvo pocos conflictos con sus compañeros, pero se sabía que no toleraba ningún tipo de manipulación. También era aficionado a las mascaradas.[27] Un día terminó moliendo a golpes a un compañero mucho más fuerte que él, después de haber recibido lo suyo, y esperar, según él mismo confesó, a que el otro estuviese agotado.[28] También son muy conocidas sus dotes como deportista. A imitación de su gran héroe, Lord Byron, en cierta celebrada ocasión, un caluroso día de junio el joven emprendió una travesía a nado de ocho kilómetros por el río James, de Richmond; lo hizo a contracorriente. Cuando se dudó de su hazaña, buscó testigos presenciales que la corroborasen por escrito.[29]

En 1824 se empieza a gestar el desentendimiento entre él y su padre de adopción. En una carta dirigida por éste al hermano mayor de Edgar, William Henry, afirmó: «¿De qué somos culpables? Es algo que no entiendo. Y que yo haya soportado durante tanto tiempo su conducta todavía me extraña más. Este muchacho no tiene una onza de afecto por nosotros ni un poco de agradecimiento por todos mis cuidados y toda mi bondad para con él.»[30] En esta carta Allan se queja sin fundamento de las “amistades” de Edgar, y llega incluso a sugerir maliciosamente que Rosalie, la hermana menor, era en realidad hermanastra, posibilidad que siempre atormentó a Edgar.[31]

En 1825 murió un tío de John Allan, William Galt, escocés igualmente y antiguo contrabandista. Había sido considerado el hombre más rico de Richmond, y dejó muchos acres de tierra en herencia a su sobrino. La fortuna de éste creció considerablemente y, en ese mismo año, Allan lo celebró comprando una imponente casa de ladrillo de dos plantas, llamada “Moldavia”.[32] Fue en el balcón de esa casa donde Edgar adquirió la afición a la astronomía.[33]

Universidad de Virginia

Por esa época, con 16 años, Edgar mantuvo una relación sentimental con una muchacha de la vecindad, Sarah Elmira Royster, quien reaparecería al final de su vida. En carta a un amigo, ella describió muchos años después al futuro escritor de esta forma:

Edgar era un muchacho muy guapo, no muy hablador. De conversación agradable, pero de comportamiento más bien triste. Nunca hablaba de sus padres. Estaba muy ligado a la señora Allan, así como ella a él. Era entusiasta, impulsivo, no soportaba la menor grosería verbal.[34]

Esta relación fue previa a su matriculación en la Universidad de Virginia, en Charlottesville, en febrero de 1826, para estudiar lenguas.[35] La universidad, en sus primeros años, acataba los ideales de su fundador, Thomas Jefferson. Estos eran muy estrictos en lo tocante al juego, los caballos, las armas, el tabaco y el alcohol, pero estas normas en realidad apenas se respetaban. Jefferson había establecido un sistema de autogobierno para los estudiantes, permitiendo a los mismos elegir sus materias de estudio, organizar su propia manutención e informar a las autoridades de las irregularidades o faltas que se cometiesen. Este régimen tan singular había convertido a la comunidad escolar en un caos, registrándose una tasa muy elevada de absentismo.[36]

En el tiempo que Edgar pasó allí, perdió contacto con Elmira Royster, y además se enemistó definitivamente con su padrastro debido a sus deudas de juego. Según Cortázar (quien reconoce seguir en líneas generales la biografía del estudioso poeano Hervey Allen[37] ), es en esta época en la que por primera vez se relaciona a Poe con el alcohol. «El clima de la Universidad era tan favorable como el de una taberna: Poe jugaba, perdía casi invariablemente, y bebía.» De todos modos, el futuro escritor lee y traduce las lenguas clásicas sin esfuerzo aparente, ganándose la admiración de profesores y condiscípulos. Lee también, infatigablemente, historia, historia natural, matemáticas, astronomía, poesía y novela.[38] Edgar se quejaba de que Allan no le enviaba suficiente dinero para las clases, para comprar libros y para poder amueblar su dormitorio. Pese a que Allan accedió a enviar dinero, las deudas de su hijo adoptivo no hicieron más que crecer.[39]

Poe abandonó la universidad finalmente al cabo de un año y, no sintiéndose a gusto en Richmond (especialmente al enterarse de que Elmira acababa de casarse con un tal Alexander Shelton), se desplazó en abril de 1827 a Boston, donde se ganó la vida con trabajos ocasionales, como el de dependiente o periodista.[40] En esta etapa usó el pseudónimo ‘Henri Le Rennet’.[41]

Carrera militar, primeros escritos

Imagen de Edgar Allan Poe.

El 27 de mayo de 1827, incapaz de sobrevivir por sí mismo, Poe se alistó en el ejército como soldado raso, bajo el nombre de ‘Edgar A. Perry’. Aunque tenía 18 años firmó que tenía 22.[42] Su primer destino fue en Fort Independence, en el puerto de Boston. Su sueldo era de cinco dólares al mes.[40]

En ese mismo año (1827) publicó su primer libro, un opúsculo de poesía de 40 páginas que tituló Tamerlane and Other Poems (“Tamerlán y otros poemas”), firmado: “By a Bostonian” (‘por un bostoniano’). En el prólogo afirmó que casi todos los poemas habían sido escritos antes de los catorce años.[43] Sólo se imprimieron 50 copias, y el libro pasó prácticamente desapercibido.[44] Mientras tanto, su regimiento fue destinado a Fort Moultrie en Charleston, a donde llegó el 8 de noviembre de 1827 a bordo del bergantín “Waltham”. Poe fue ascendido a artificiero, el soldado encargado de preparar los proyectiles de artillería, y que cobraba doble paga.[45] Tras servir durante dos años y obtener el grado de sargento mayor de artillería (el más alto rango de suboficiales), trató de acortar sus cinco años de alistamiento, revelando su verdadero nombre y circunstancias al oficial que estaba al mando de su unidad, teniente Howard. Howard prometió ayudarle sólo si Poe se reconciliaba con su padrastro, y fue quien escribió a tal fin a John Allan buscando una reconciliación entre ambos, pero Allan se mostró inflexible.[46] Pasaron los meses y las súplicas a Allan fueron desoídas; parece que Allan ni siquiera participó a su hijo adoptivo la grave enfermedad que aquejaba a su esposa. Frances Allan murió el 28 de febrero de 1829, y Poe sólo pudo acudir a su casa el día siguiente al funeral. Frente a su tumba, no pudo resistir el dolor y cayó inanimado.[47] Edgar, hasta el último día de su vida, siempre que se expresó sobre ella lo hizo con ternura.[48] Quizá suavizado por la muerte de su mujer, Allan accedió finalmente a ayudar a Poe a obtener el licenciamiento, aunque con la condición de que se alistase en la Academia de West Point.[49]

Poe fue finalmente licenciado el 15 de abril de 1829, tras encontrar un sustituto que lo reemplazase en su puesto.[50] Antes de marchar a West Point, se trasladó a Baltimore para pasar un tiempo con su tía viuda, Maria Clemm (hermana de su padre), su hija, Virginia Eliza Clemm (prima del poeta), su hermano William Henry, y su abuela inválida, Elizabeth Cairnes Poe.[51] En ese tiempo, publicó su segundo libro: Al Aaraaf, Tamerlane and Minor Poems (Baltimore, 1829).[52] El libro no fue del todo comprendido, y el autor fue en general fustigado; sin embargo, el famoso crítico de la época John Neal tuvo comentarios elogiosos para él: «será el primerísimo en las filas de los verdaderos poetas», y la también importante Sarah Hale llegó a afirmar que «recordaba a un poeta no menor que Shelley». Estas fueron las primeras críticas que halagaron los oídos del poeta.[53]

Viajó a West Point y se inscribió como cadete el 1 de julio de 1830.[54] En octubre de ese mismo año, John Allan se casó en segundas nupcias con Louisa Patterson.[55] Este matrimonio, así como las discusiones de Allan con su protegido, en las cuales solían salir a relucir los hijos naturales de aquél, provocaron el distanciamiento definitivo entre ambos.[56] El poeta no aguantó mucho tiempo la disciplina militar y provocó con su conducta que le juzgase una corte marcial. El 8 de febrero de 1831 fue acusado de grave abandono del servicio y desobediencia de las órdenes, al negarse a formar y no acudir a las clases ni a la iglesia. Se declaró inocente para provocar directamente su expulsión, a sabiendas de que hubiese sido encontrado culpable.[57]

Partió hacia Nueva York en ese mismo mes de febrero. Publicó un tercer libro de poemas, que tituló simplemente Poems. La publicación fue sufragada por sus compañeros de West Point, muchos de los cuales donaron, a razón de 75 centavos cada uno, a tal efecto. Poe logró así recaudar en total 170 dólares. Los compañeros se llevarían una sorpresa, pues esperaban que los poemas fuesen del tipo satírico que Poe escribía en West Point para burlarse de los oficiales al mando, y la obra es netamente romántica.[58] El libro fue impreso por Elam Bliss, de Nueva York, y apareció como “Segunda edición” con la siguiente dedicatoria: «Este libro está respetuosamente dedicado al Cuerpo de Cadetes de los Estados Unidos». El libro reeditaba los poemas largos “Tamerlane” y “Al Aaraaf”, además de seis poemas inéditos, entre los cuales se hallaba la primera versión de “To Helen”, “Israfel” y “The City in the Sea”.[59] Regresó a Baltimore con su tía, hermano y prima en el mes de marzo de 1831. Su hermano mayor, Henry, que había estado delicado de salud, en parte debido a su alcoholismo, murió el 1 de agosto de 1831.[60] Poe se instaló en la buhardilla que había compartido con su hermano, y pudo trabajar con relativa comodidad. Su atención literaria, hasta el momento enfocada en exclusiva a la poesía, va a trasladarse al cuento, género más “vendible”, lo cual en esos momentos era de importancia capital para el escritor y su familia.[61]

Poe, periodista

Tras la muerte de su hermano, Edgar se esforzó de firme por labrarse una carrera como escritor, encontrando, sin embargo, grandes dificultades, debido en gran medida a la situación en que se hallaba el periodismo en su país.[62] De hecho, fue el primer estadounidense en esforzarse por vivir en exclusiva de la escritura.[2] [63] Lo que más le perjudicó a tal efecto fue la inexistencia en su tiempo de una ley internacional de copyright.[64] Los editores estadounidenses preferían piratear obras inglesas en lugar de pagar a sus conciudadanos por las suyas.[63] La industria editorial estaba, por añadidura, muy afectada por la grave crisis económica que supuso el llamado Pánico de 1837.[65] A pesar del gran auge experimentado por las publicaciones periódicas estadounidenses en ese período, lo que fue impulsado en parte por las nuevas tecnologías, la mayoría no tocaba más que un número reducido de temas[66] y por otra parte los periodistas encontraban grandes dificultades para cobrar lo convenido a tiempo.[67] Poe, en sus intentos por abrirse camino en este mundo se veía continuamente constreñido a pedir dinero a sus empleadores y a todo tipo de situaciones humillantes relacionadas con la cuestión económica. Este triste estado de cosas no mejoraría en toda su vida.[68]

Poe se casó con su prima de 13 años, Virginia Clemm. Su muerte temprana pudo haber inspirado algunos de sus escritos.

Tras sus primeros intentos poéticos, el escritor dirigió sus miras a la prosa, por los motivos antedichos. En 1832 consigue publicar cinco relatos en el periódico Saturday Courier, de Filadelfia. Entre ellos se incluye el primer relato que escribió, de corte gótico: “Metzengerstein“. En esa época empezó a trabajar en su único drama, que nunca terminaría: Politian. En abril de 1833 envió una última carta a John Allan en la que le pedía desesperadamente ayuda: «En nombre de Dios, ten piedad de mí y sálvame de la destrucción.» Allan no le contestó. Afortunadamente, en esa época, el Saturday Visitor, un periódico de Baltimore, otorgó al escritor un premio de 50 dólares por su cuento “Manuscrito encontrado en una botella“.[69] En 1834 murió su padrastro sin dejarle herencia, cosa que le afectó decisivamente.

“Manuscrito hallado en una botella” había llamado la atención de John P. Kennedy, un acaudalado caballero de Baltimore, que ayudó a Poe a publicar sus historias, presentándolo a Thomas W. White, editor del Southern Literary Messenger, de Richmond (Virginia), periódico al que Poe estuvo muy vinculado. Llegó a ser redactor del mismo en agosto de 1835;[70] sin embargo, perdió el puesto al cabo de pocas semanas al ser sorprendido en estado de embriaguez en varias ocasiones.[71] De regreso a Baltimore, contrajo secretamente matrimonio con su prima Virginia Eliza Clemm el 22 de septiembre de 1835. Ella contaba 13 años en ese momento, aunque en el certificado de matrimonio que se expidió meses después aparecía registrada con una edad de 21.[72] Poe tenía 26. Readmitido por White con la promesa de mejorar su comportamiento, volvió a Richmond con Virginia y su tía y ya suegra, Maria Clemm. Se mantuvo en el Messenger hasta enero de 1837. Durante este periodo la tirada del periódico pasó de 700 ejemplares a más de 5.000, debido a la fama adquirida por el escritor, ya nacional.[73] Publicó en él poemas, reseñas de libros, críticas literarias y obras de ficción. En mayo de 1836 se celebró un segundo casamiento con Virginia en Richmond; esta vez la ceremonia tuvo carácter público.[74]

A mediados de 1838, la familia se trasladó al centro literario norteamericano de la época, la ciudad de Filadelfia (Pensilvania), y se instaló en una pobre pensión. Debido a las estrecheces que pasaban, Poe se prestó a trabajos impropios de su talento, como la publicación con su nombre de un texto de conquiliología, hecho que luego le acarrearía grandes dificultades, ya que fue acusado de plagio.[75] Su novela La Narración de Arthur Gordon Pym fue publicada en ese mismo año de 1838, obteniendo una buena acogida por parte de la crítica. En el verano de 1839, Poe se convirtió en redactor jefe de la publicación Burton’s Gentleman’s Magazine. En ella sacó a la luz numerosos artículos, relatos y críticas literarias, lo que contribuyó a incrementar la reputación de que ya gozaba en el Southern Literary Messenger. También en 1839, la colección Tales of the Grotesque and Arabesque (“Cuentos de lo grotesco y arabesco”) se publicó en dos volúmenes; el escritor hizo poco dinero con esta obra, que recibió críticas de distinto signo.[76] La obra contiene algunos de los grandes relatos de su autor, como “La caída de la Casa Usher“, “Ligeia“, “Manuscrito hallado en una botella“, etc. Poe dejó el Burton’s después de colaborar en él aproximadamente un año. Más tarde se enroló en otro periódico: el Graham’s Magazine.[77] Estos trabajos permitieron a Poe mejorar la situación de su esposa y la madre de ésta. Se trasladaron a vivir a una casa más agradable, la primera vivienda digna desde los tiempos de Richmond. La casa estaba en las afueras de la ciudad, y el escritor tenía que caminar varios kilómetros diariamente para acudir al trabajo.[78]

En junio de 1840, Poe publicó una información en la que anunciaba su intención de crear su propio diario, el Stylus.[79] Su primera idea fue llamarlo The Penn, ya que estaría radicado en Filadelfia, Pensilvania. En el número del 6 de junio de 1840 del Saturday Evening Post, de dicha ciudad, Poe contrató un anuncio a tal efecto: «Información acerca del ‘Penn Magazine’, publicación literaria mensual que se editará próximamente en Filadelfia a cargo de Edgar A. Poe.» Pero estas iniciativas nunca llegaron a cuajar.

Una tarde de asueto de enero de 1842, se produjo un acontecimiento decisivo en las vidas de Poe y familia. Su esposa, Virginia, mostró los primeros signos de consunción propios de la enfermedad hoy conocida como tuberculosis. Como extraído de una añeja novela romántica, Julio Cortázar lo relata así en su biografía:

Poe y los suyos tomaban el té en su casa, en compañía de algunos amigos. Virginia, que había aprendido a acompañarse en el arpa, cantaba con gracia infantil las melodías que más le gustaban a «Eddie». Súbitamente su voz se cortó en una nota aguda, mientras la sangre manaba de su boca.[80]

El propio Poe describió el hecho como la rotura de un vaso sanguíneo en su garganta.[81] Ella sólo se recuperó momentáneamente. El escritor comenzó a beber más de la cuenta debido a la ansiedad que le producía la enfermedad de su mujer.

En ese tiempo trató de obtener un puesto en la administración del presidente John Tyler, alegando pertenecer al Partido Whig.[82] Expresó la esperanza de ser nombrado para la aduana (“Custom House”) de Filadelfia con la ayuda del hijo del presidente, Robert,[83] que era conocido de un amigo de Poe llamado Thomas Frederick.[84] Poe, sin embargo, a mediados de septiembre de 1842, no se presentó a una reunión con Thomas para tratar de su nombramiento. Puso como excusa encontrarse indispuesto, pero Thomas creyó que lo que estaba era borracho.[85] Posteriormente se prometió al escritor una nueva cita, pero finalmente todos los puestos disponibles fueron cubiertos por otras personas.[86]

Dejó el Graham’s y trató de encontrar un nuevo empleo. Finalmente regresó a Nueva York, donde trabajó brevemente en el Evening Mirror. Posteriormente se convirtió en redactor jefe del Broadway Journal, del que, con el tiempo, llegó a ser propietario.[87] Allí se granjeó la enemistad de muchos escritores, entre otras cosas por acusar públicamente al laureado poeta Henry Wadsworth Longfellow de plagio, aunque Longfellow nunca respondió a esta acusación.[88] El 29 de enero de 1845, su poema “El cuervo” apareció en el Evening Mirror, convirtiéndose de la noche a la mañana en un gran éxito popular, el primero de su carrera. Aunque convirtió a Poe en una celebridad,[89] el escritor obtuvo sólo 9 dólares por su publicación.[90] En esa época inició una relación, se dice que estrictamente platónica, con la poetisa Frances Sargent Osgood, relación al parecer consentida por Virginia, que veía en esta mujer una influencia beneficiosa sobre su marido.[91] El devaneo dio lugar a uno de los mayores escándalos en la vida del escritor, suscitando infinidad de comentarios y habladurías entre los literati de la ciudad. El origen de todo fue una mujer que Poe había desdeñado, también escritora: Elizabeth F. Ellet,[92] e involucró al matrimonio Poe, al matrimonio Osgood y a otras personas. En 1847, Poe y Frances Osgood dejaron de verse definitivamente. (Véase Virginia Clemm#El escándalo Osgood/Ellet.)

El cottage donde murió Virginia y Poe pasó sus últimos meses recluido, en el Bronx, Nueva York.

El Broadway Journal cerró sus puertas por falta de liquidez en 1846.[87] Poe se trasladó a una casita de campo en Fordham, dentro del barrio del Bronx, Nueva York. Esa casa, hoy conocida como el Cottage de Poe se encuentra en la esquina entre el bulevar Grand Concourse y Kingsbridge Road. Virginia, que no había podido superar la tuberculosis, murió allí el 30 de enero de 1847. Los amigos de la familia recordarían después cómo Poe siguió el cortejo fúnebre de su mujer envuelto en su vieja capa de cadete, que durante meses había constituido el único abrigo de la cama de Virginia.[93] Los biógrafos del escritor han sugerido repetidamente que el tema frecuente en su obra de la “muerte de una hermosa mujer” (en “El cuervo”, por ejemplo), parte de las varias pérdidas de mujeres a lo largo de su vida, incluyendo la de su madre y su esposa.[94]

A partir de la muerte de Virginia, la conducta de Poe «es la del que ha perdido su escudo y ataca, desesperado, para compensar de alguna manera su desnudez, su misteriosa vulnerabilidad».[95]

Cada vez más inestable, intentó cortejar a otra mujer: Sarah Helen Whitman, poetisa mediocre pero mujer llena de inmaterial encanto, como las heroínas de Poe.[96] Sarah vivía en Providence, Rhode Island. Sus relaciones no cuajaron, presumiblemente debido a los problemas de Poe con el alcohol y a su conducta errática. Existe alguna evidencia de que la verdadera causante de la ruptura pudo ser la madre de Whitman.[97] Poe buscó aún la compañía de otras mujeres, como Marie Louise Shew o Annie Richmond. Hubo incluso propuestas de matrimonio, pero que no llegaron a concretarse.

Pese a la desesperación y el desvarío, en ese tiempo surgen de su pluma obras de importancia como el poema “Ulalume” y el alucinado ensayo cosmogónico Eureka.

Final

Artículo principal: Muerte de Edgar Allan Poe

Placa colocada en el lugar de entierro original de Poe en Baltimore, Maryland, antes de su traslado.

Su postrer reencuentro, en Richmond, con su antiguo amor de juventud, Sarah Elmira Royster,[98] lo animó una vez más a contraer matrimonio; la novia puso la condición de que abandonara sus malos hábitos. La fecha de la boda se concertó finalmente para el 17 de octubre de 1849. Se vio al escritor en la ciudad de Richmond entusiasmado, e incluso feliz. Es en ese momento cuando se le pierde el rastro, hasta su última aparición en Baltimore.

El 3 de octubre de 1849, Poe fue hallado en las calles de Baltimore en estado de delirio, «muy angustiado, y (…) necesitado de ayuda inmediata».[99] Fue trasladado al Washington College Hospital, donde murió el domingo, 7 de octubre, a las 5:00 de la madrugada.[100] En ningún momento fue capaz de explicar cómo había llegado a dicha situación, ni por qué motivo llevaba ropas que no eran suyas. La leyenda, recogida por Julio Cortázar y otros autores, cuenta que en sus últimos momentos invocaba obsesivamente a un explorador polar, llamado Reynolds, que había servido de referente para su novela de aventuras fantásticas La narración de Arthur Gordon Pym, y que al expirar pronunció estas palabras: «¡Que Dios ayude a mi pobre alma!»[101] [100]

Tanto los informes médicos, como el certificado de defunción se perdieron.[102] Los periódicos de la época informaron de que la muerte de Poe se debió a “congestión” o “inflamación” cerebral, el eufemismo que solía utilizarse para los fallecimientos por motivos más o menos vergonzantes, como el alcoholismo.[103]

Hoy en día, la causa exacta de la muerte continúa siendo un misterio,[104] aunque desde 1872 se cree que pudo deberse al abuso de agentes electorales sin escrúpulos, que en la época solían utilizar a pobres incautos, emborrachándolos, para hacerles votar varias veces por el mismo candidato.[105] Las especulaciones han incluido el delírium tremens, el ataque cardíaco, epilepsia, sífilis, meningitis[106] y el cólera.[107]

En 1875, los restos de Poe fueron trasladados a este monumento, donde descansa junto a su esposa Virginia y su suegra Maria.

Dentro de la obra epistolar de Poe, intensa durante toda su vida, es de lectura sobrecogedora la que se refiere a sus últimos meses de vida. En estas cartas se advierte cómo se alternaban en el escritor los accesos de lucidez y de brusco entusiasmo con otros de la más negra desesperación.[108] El escritor solía dar pruebas de su deseo de morir, y en alguna ocasión incluso pidió a su tía, Maria Clemm, el único ser vivo con el que le unía una tierna afectividad, que muriera a su lado.

No nos queda sino morir juntos. Ahora ya de nada sirve razonar conmigo; no puedo más, tengo que morir. Desde que publiqué Eureka, no tengo deseos de seguir con vida. No puedo terminar nada más. Por tu amor era dulce la vida, pero hemos de morir juntos (…) Desde que me encuentro aquí he estado una vez en prisión por embriaguez, pero aquella vez no estaba borracho. Fue por Virginia.

A Maria Clemm, 7/7/1849[109]

La “memoria” de Griswold

El día del fallecimiento del escritor apareció una larga esquela en el periódico New York Tribune firmada por un tal “Ludwig”. Esta esquela fue reproducida por numerosos medios a través de todo el país. Comienza así: «Edgar Allan Poe ha muerto. Murió anteayer en Baltimore. Esta noticia sorprenderá a muchos, y algunos se apenarán.»[110] “Ludwig” fue identificado muy pronto como Rufus Wilmot Griswold, un editor, crítico y antologista que había demostrado gran aversión hacia Poe ya desde 1842. De cualquier manera Griswold incomprensiblemente logró convertirse en el albacea literario (“literary executor”) del escritor, aplicándose a destruir su reputación después de su muerte.[111]

Este individuo escribió con posterioridad un artículo biográfico largo sobre el escritor titulado “Memoir of the Author” (‘Memoria del autor’), con el que encabezó un volumen de las obras de Poe. Aquí éste aparecía descrito como un ser depravado, borracho, drogadicto y perturbado, y se aportaban diversas cartas del propio Poe como evidencia.[111] Muchas de sus afirmaciones eran burdas mentiras o verdades a medias. Por ejemplo, ahora está demostrado que Poe no fue drogadicto.[112] La versión de Griswold fue denunciada por aquellos que conocieron bien a Poe,[113] pero no pudo evitarse que se convirtiera en la más aceptada popularmente. Esto ocurrió en parte porque era la única biografía completa disponible, reimpresa varias veces, y en parte porque los lectores se entusiasmaban ante la idea de estar leyendo las obras de un malvado.[114] En cuanto a las cartas presentadas por Griswold como prueba se demostró pronto que no eran más que falsificaciones.[115]

Obra

Poe escribió cuentos de distintos géneros, poesía, crítica literaria y ensayo, éste sobre los temas más variados, además de una novela larga. A lo largo de toda su vida también escribió numerosas cartas.

Influencias

La crítica suele coincidir al determinar las fuentes literarias de las cuales bebió este autor. En sus primeros cuentos sigue a Boccaccio y Chaucer.[116] También se inspiró en toda la novela gótica inglesa: Horace Walpole, Ann Radcliffe, Matthew G. Lewis y Charles Maturin, entre otros.[117] Conoció bien a los góticos alemanes (E.T.A. Hoffmann,[118] el barón Friedrich de la Motte Fouqué, etc.).[119] De su país fue devoto de los pioneros Charles Brockden Brown[120] y Washington Irving.[121] Otros autores ingleses que admiró mucho: Walter Scott, William Godwin y Edward Bulwer-Lytton.[122] En poesía, se dejó cautivar desde muy joven por Lord Byron.[123] Dentro de este género apreció bastante la poesía nocturna francesa y germánica,[124] así como a todos los románticos ingleses: Shelley, Keats, Wordsworth (al que, sin embargo, criticó su didactismo) y Coleridge.[125] También valoró grandemente a Tennyson.[126] Pero el autor que probablemente aparece más veces citado por Poe en sus obras es el filósofo inglés Joseph Glanvill.

Cuentos

Julio Cortázar ordena sus relatos de acuerdo con el ‘interés’ de sus temas. «Sus mejores cuentos son los más imaginativos e intensos; los peores, aquellos donde la habilidad no alcanza a imponer un tema de por sí pobre o ajeno a la cuerda del autor.»[127] Los agrupa en: cuentos de terror, sobrenaturales, metafísicos, analíticos, de anticipación y retrospección, de paisaje, y grotescos y satíricos (id.). Destaca Cortázar lo expresado por Poe en una carta: «Al escribir estos cuentos uno por uno, a largos intervalos, mantuve siempre presente la unidad de un libro.»[128] Los cuentos de terror o cuentos góticos constituyen su obra más conocida.[129] El escritor y crítico irlandés Padraic Colum afirmó que relatos como “El barril de amontillado“, “El pozo y el péndulo“, “La caída de la casa Usher“, “Ligeia“, etc. se hallan entre «los mejores cuentos del mundo».[130]

Ya no se advirtieron más señales de vida en Valdemar y, opinando que había fallecido, lo confiamos al cuidado de los enfermeros. En ese momento observamos un intenso movimiento vibratorio en la lengua. El hecho continuó por espacio quizá de un minuto. Al terminar este periodo, brotó de las distendidas e inmóviles mandíbulas una voz, una voz que sería una locura intentar describir.

(De “La verdad sobre el caso del señor Valdemar”, 1845)[131]

Daguerrotipo de Edgar Allan Poe (1848) tomado por W.S. Hartshorn

El de terror fue un género que adoptó Poe para satisfacer los gustos del público de la época.[132] Sus temas más recurrentes tienen que ver con la muerte, incluyendo sus manifestaciones físicas, los efectos de la descomposición de los cadáveres (“La verdad sobre el caso del señor Valdemar“), temas también relacionados con el entierro prematuro (“El entierro prematuro“), la reanimación de cadáveres (“Conversación con una momia”, “La caída de la casa Usher“) y demás asuntos luctuosos.[133] De esta manera, se ha señalado con frecuencia la obsesión entre necrofílica y sádica del autor, manifestada en distintos niveles y matices, según los relatos.[134]

Otros temas recurrentes en sus historias macabras son la venganza (“Hop-Frog“, “El barril de amontillado“), la culpa y la autopunición (“William Wilson“, “El corazón delator“, “El gato negro“, “El demonio de la perversidad“), la influencia del alcohol y el opio (“El gato negro“, “La caída de la casa Usher“, “El Rey Peste“), el poder de la voluntad (“Ligeia“, “Morella“), etc.

Con motivo de sus primeras publicaciones del género, la crítica lo acusó de dejarse llevar en exceso por la influencia de la fantasía alemana, por ejemplo de Hoffmann. A lo que el escritor replicó, en el prólogo a su libro Cuentos de lo grotesco y arabesco: «Si muchas de mis producciones han tenido como tesis el terror, sostengo que ese terror no viene de Alemania, sino del alma; que he deducido este terror tan sólo de sus fuentes legítimas, y que lo he llevado tan sólo a sus resultados legítimos.»[135]

Muchas de estas obras han sido encuadradas a menudo dentro del llamado romanticismo oscuro (“dark romanticism”), en el que lo acompañaron autores como Nathaniel Hawthorne y Herman Melville. Este movimiento surgió como reacción al trascendentalismo de la época,[136] que Poe detestaba.[137] Calificaba a los seguidores de este movimiento de “Frogpondians” (algo así como ‘ranas de charca’, en referencia al estanque de un conocido parque de Boston)[138] y ridiculizaba sus escritos denominándolos “gestionametáforas” que incurrían en “la oscuridad por la oscuridad” y “el misticismo por el misticismo”.[139] El escritor, sin embargo, en una carta a su gran amigo Thomas Holley Chivers, escribió que él no odiaba a los trascendentalistas, sino «sólo a los sofistas que se cuentan entre ellos».[140]

Poe igualmente dio origen al relato de detectives con sus cuentos analíticos y de raciocinio: “La carta robada“, “Los crímenes de la calle Morgue“, “El escarabajo de oro” y “El misterio de Marie Rogêt“, que influyeron directamente en autores posteriores como Arthur Conan Doyle, cuyo Sherlock Holmes está inspirado directamente en el Auguste Dupin de Poe (véase Legado e influencia).

Esto representa bastante bien un cráneo, y hasta me atrevería a decir que es un excelente cráneo, conforme a las nociones vulgares sobre esa región anatómica, y si su escarabajo se le parece, ha de ser el escarabajo más raro del mundo. Incluso podríamos dar origen a una pequeña superstición llena de atractivo, aprovechando el parecido.

(De “El escarabajo de oro”, 1843)[141]

Dio asimismo un significativo giro al género emergente de la ciencia-ficción, respondiendo así a los recientes avances científicos y tecnológicos, como el globo aerostático, en su cuento “El camelo del globo”.[142] En castellano existe una edición de los relatos de ciencia-ficción del autor que contiene 13 cuentos, desde “Von Kempelen y su descubrimiento” hasta “Un cuento de las montañas escabrosas”, e incluso “Manuscrito encontrado en una botella“.[143]

Ya se ha destacado que el autor escribió gran parte de su obra de acuerdo con los gustos populares de la época, lo que ‘vendía’.[144] A tal efecto, sus relatos recogen a menudo elementos de la pseudociencia, la frenología[145] y la fisiognomía.[146]

El escritor dedicó asimismo muchos relatos a la sátira, al humor e incluso la mistificación humorística (patraña). Para crear el efecto cómico, solía servirse de la ironía y la extravagancia absurda, en un intento de poner coto al conformismo ideológico del lector.[132] Así, “Metzengerstein“, su primer cuento publicado,[147] y también su primer incursión en el terror, había sido concebido inicialmente como una sátira del género, como se ha dicho, muy popular en la época.[148]

Julio Cortázar señala que la sátira en cuentos como “El timo considerado como una de las ciencias exactas”, “El hombre de negocios” o “Los anteojos” se transforma en desprecio. Esto se evidencia en sus personajes: «astutos seres que embaucan a la masa despreciable, o miserables muñecos que van de tumbo en tumbo, cometiendo toda clase de torpezas».[149] «Y cuando incurre en el humor (“El aliento perdido”, “Bon-Bon”, “El Rey Peste“) —sigue Cortázar— suele derivar inmediatamente en lo macabro, donde está en su terreno, o en lo grotesco, que considera desdeñosamente el terreno de los demás.»[150] Todo lo cual deriva de la incapacidad de Poe para «comprender lo humano, asomarse a los caracteres, medir la dimensión ajena… por eso Poe no alcanzará nunca a crear un solo personaje con vida interior».[151] En este sentido, afirmó Baudelaire, en el prólogo a su traducción de las Historias extraordinarias del norteamericano: «(Son) cuentos llenos de magia que aparecen reunidos bajo el título de Tales of the Grotesque and the Arabesque, título notable e intencionado, puesto que los ornamentos grotescos y arabescos rehúyen la figura humana, y ya veremos cómo la literatura de Poe es en muchas aspectos extra o supra humana».[152] Robert Louis Stevenson, en un conocido ensayo sobre Poe, llegó a afirmar: «Quien fue capaz de escribir “Rey Peste” dejó de ser un ser humano».[153] Estas narraciones, sin embargo, debido a su extravagancia, fueron muy apreciadas por los poetas surrealistas.[154]

Mención aparte merecen sus relatos de corte poético y metafísico, muchos de ellos auténticos poemas en prosa, de acendradas virtudes estéticas: “La conversación de Eiros y Charmion“, “El coloquio de Monos y Una“, “El alce”, “La isla del hada”, “Silencio”, “Sombra”, etc.

«Escucha», dijo el Demonio, imponiendo la mano sobre mi cabeza. «La tierra de que te hablo es una región sombría en Libia, a orillas del río Zaire. Y no hay tranquilidad allí, ni silencio.
Las aguas del río son de un tono azafranado y enfermizo, y no fluyen hacia el mar, sino que palpitan eternamente bajo el ojo bermejo del sol, con agitación tumultuosa y convulsa.»

(De “Silencio (una fábula)”, 1839)[155]

En lo tocante a su técnica, y su muchas veces apuntada intensidad narrativa,[156] Poe «comprendió que la eficacia de un cuento depende de su intensidad como acaecimiento (…) Cada palabra debe confluir, concurrir al acaecimiento, a la cosa que ocurre, y esta cosa que ocurre debe ser sólo acaecimiento y no alegoría (como en muchos cuentos de Hawthorne, por ejemplo) o pretexto para genealizaciones psicológicas, éticas o didácticas (…) La cosa que ocurre debe ser intensa. Aquí Poe no se planteó estériles cuestiones de fondo y forma; era demasiado lúcido como para no advertir que un cuento es un organismo, un ser que respira y late, y que su vida consiste -como la nuestra- en un núcleo animado inseparable de sus manifestaciones».[157]

Padraic Colum, por su parte, lo sitúa como el creador del concepto de “atmósfera” en el arte literario.[158] Cortázar llama a este recurso “creación de ambientes” y compara a Poe con otros maestros en esta técnica como Chéjov, Villiers de L’Isle-Adam, Henry James, Kipling y Kafka.[159]

Poe valoraba en el relato corto por encima de todo la imaginación, así como la originalidad y la verosimilitud. Por lo tanto, el criterio que primaba en este tipo de relatos era exclusivamente estético. Según el crítico Félix Martín, «conocidos fueron sus pronunciamientos sobre la supremacía de la imaginación, su condena explícita de la intención moral en la obra de arte y de la alegoría moral, tanto en poesía como en narración, así como el rechazo de todo tipo de verdad inherente a los hechos del relato (…) Al descartar el didacticismo moralizante como objetivo de la obra de arte, Poe la libera de criterios de verosimilitud externos y da rienda suelta a aquellos elementos fantásticos y formales que la configuran estéticamente, configuración apreciable sobre todo a través de los efectos que produce en el lector».[160]

Novela

Poe es autor de una única novela: La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket) (1838). Se trata de un relato de aventuras marineras de tipo episódico, centrado en su intrépido protagonista, quien encontraría eco posteriormente en las obras de Stevenson. El autor buscó sus fuentes principalmente en antiguas leyendas marineras, como la del Holandés errante, y en sus lecturas de Daniel Defoe y S. T. Coleridge. Debido a la abundancia de detalles macabros que contiene y a su indescifrable desenlace, la obra ha estado siempre rodeada de polémica.[161] La novela fue muy valorada por los surrealistas que destacaban en ella su especial eficacia evocativa de elementos inconscientes. Por este motivo también ha sido muy estudiada por el psicoanálisis.[162] Julio Verne escribió una continuación: La esfinge de los hielos. «La obra posee el doble valor de un libro de aventuras lleno de episodios “vividos” y a la vez de una corriente subterránea evasiva y extraña, un trasfondo que cabría considerar alegórico o simbólico, de no tener presente la tendencia contraria del autor, y sus explícitas referencias en este sentido.»[163]

Poesía

Probablemente, de no haber tenido que trabajar de periodista, Poe se habría dedicado en exclusiva a la poesía. «Razones al margen de mi voluntad me han impedido en todo momento esforzarme seriamente por algo que, en circunstancias más felices, hubiera sido mi terreno predilecto», manifestó en el prólogo a El cuervo y otros poemas.[164] Este será su género más controvertido y el que le granjeará las peores críticas.[165]

Las épocas de creación poética más intensas se dieron al principio y al final de su carrera. Sus ideas sobre la poesía, aparecidas en un ensayo sobre su gran poema “El cuervo” (“Filosofía de la composición“), pueden parecer contradictorias. Declaró que la poesía era un mero artificio previsto y realizado con técnica de relojero, sin embargo, lo cierto es que admitía en ella todo lo que viene de lo irracional, del inconsciente: la melancolía, la nocturnidad, la necrofilia, el angelismo, la pasión desapasionada, la pasión del que llora invariablemente a alguna mujer muerta, cuya pasión ya no puede amenazarle.[166]

Los ángeles que no eran tan felices en el cielo,
nos tenían envidia.
¡Sí! Este es el motivo (como toda la gente sabe,
en aquel reino junto al mar)
para que el viento viniera por la noche desde la nube,
helando y matando a mi Annabel Lee.

“Annabel Lee”[167]

Pese a haberse iniciado en labores poéticas con dos poemas extensos (“Tamerlán” y “Al-Aaraaf”) siempre se declaró contrario a obras largas como la epopeya.[168] En su ensayo “El principio poético” no concibe un poema de más de cien versos, aunque también deploraba las obras demasiado breves. El objetivo del poema es estético, su fin último es la belleza. Poe descreía de la poesía didáctica y alegórica: el poema nunca debe proponerse la verdad como fin.[169] [170] Por eso prefiere a Coleridge y Tennyson antes que a Wordsworth.[171] (Es bien sabido que su otra gran influencia, desde muy joven, fue la de Lord Byron.[172] ) Pero, como se ha visto, para Poe la poesía tampoco debía ser producto de la pasión, afirmación que puntualiza Julio Cortázar, para quien “El cuervo” nace más de la pasión que de la razón, y esto vale también para el resto de sus grandes poemas: “To Helen”, “The Sleeper”, “Israfel”, “The City in the Sea”, “For Annie”, “The Conqueror Worm”, “The Haunted Palace”, poemas cuyo impulso fundamental es análogo al que movió al autor a la ejecución de sus relatos más autobiográficos y obsesivos. Sólo su acabado, su retoque fueron desapasionados.[173]

Copia del manuscrito original del poema de Poe The Spirits of the Dead.

Dos de sus mejores poemas son “Annabel Lee” —que muchos dicen inspirado por la muerte de su esposa—, obra que jamás hubiera podido brotar de una «combinación cuidadosa y paciente de elementos», como afirmaba su autor, y “Ulalume“, del que afirma Cortázar que «Poe no sabía lo que había escrito, tal como podría afirmarlo un surrealista que escribiera automáticamente».[174]

En cuanto a su técnica poética, su ardiente defensor francés, Charles Baudelaire, recuerda que «Poe concedía una importancia extraordinaria a la rima, y que, en el análisis que hizo del placer matemático y musical que el espíritu recibe de la rima, puso tanto cuidado, tanta sutileza como en todos los temas relacionados con la profesión poética(…) Hace en particular un uso acertado de las repeticiones del mismo verso o de varios versos, retornos obstinados de frases que simulan las obsesiones de la melancolía o de la idea fija…». Habla también del célebre “verso leonino”[175] de Poe (aquel que incluye una rima interior en el hemistiquio; Poe lo usó mucho en “El cuervo”).[176] Para Baudelaire, en una palabra, la poesía del norteamericano era «profunda y reverberante como el sueño, misteriosa y perfecta como el cristal».[177]

Ensayo y crítica

Ensayo

Poe ejerció el ensayo sobre los temas más variados (la larga meditación cosmológica Eureka, Marginalia, Criptografía, Filosofía del moblaje, entre otros), así como la crítica literaria, dentro de la cual son destacables sus reseñas sobre Longfellow, Dickens y Hawthorne.

Imagen de Charles Dickens en su juventud, autor muy admirado por Poe y con el que se escribió.

Eureka, ensayo escrito en 1848, supone una teoría cosmológica que en algunos pasajes parece presagiar la del big bang,[178] así como la primera solución conocida a la llamada paradoja de Olbers.[179] Poe no pretende valerse de un método científico en este ensayo sino que escribe basándose en la más pura intuición.[180] Por esta razón consideraba la pieza como una “obra de arte”, no científica,[180] insistiendo en que, a pesar de ello, su contenido era veraz[181] y la consideraba como su obra maestra.[182] De hecho, Eureka está repleta de errores científicos. En particular, las afirmaciones del autor contradicen los principios newtonianos al considerar la densidad y la rotación de los planetas.[183] Esta obra fue muy valorada por los poetas Paul Valéry y W. H. Auden.[184]

Otra gran afición de este autor fue la criptografía, a la que dedicó excelentes páginas. En cierta ocasión retó a los lectores de un periódico de Filadelfia a que le presentaran escritos cifrados que él logró resolver.[185] En julio de 1841, publicó un ensayo titulado “Algunas palabras sobre la escritura secreta” en el Graham’s Magazine, y comprendiendo el gran interés del público en el asunto escribió uno de sus grandes relatos “The Gold-Bug” (“El escarabajo de oro“), obra que incorporaba acertijos criptográficos.[186] Su éxito en la criptografía se debía, sin embargo, según explican los expertos, a la ignorancia sobre el tema de sus admirados lectores, pues su método era muy elemental.[185] En cualquier caso, su esfuerzo contribuyó a popularizar esta disciplina en su país.[187] Uno de sus seguidores más entusiastas, el famoso descifrador William Friedman, fue en su juventud gran lector de “El escarabajo de oro”,[188] lo que le sirvió durante la Segunda Guerra Mundial para descifrar el código japonés “PURPLE“.[189]

Poética

Poe elaboró su propia teoría de la literatura, que aparece diseñada en su obra crítica y en ensayos como “El principio poético“.[190] Esta obra constituye un manifiesto esteticista radical:

Un instinto inmortal, profundamente enraizado en el espíritu del hombre, es de este modo, dicho sin rodeos, un sentido de lo Bello. Esto es lo que administra para su deleite en las múltiples formas, sonidos y olores en los que existe. E igual que el lirio se refleja en el lago, o los ojos de Amarilies en el espejo, así la mera repetición oral o escrita de estas formas, sonidos, colores, olores y sentimientos, es una duplicada fuente de deleite.[191]

El autor dio siempre pruebas de aborrecer el didactismo[192] y, pese a que varias de sus obras utilizan este recurso, la alegoría.[193] Creía que el sentido en literatura discurre bajo la superficie expresa. Las obras con un sentido demasiado obvio, escribió, dejan de ser arte.[194] Opinaba además que aquéllas debían ser breves y enfocadas a causar un efecto muy concreto,[190] para lo cual el escritor debía calcular cada efecto e idea.[195] En otro conocido ensayo sobre la materia, “Filosofía de la composición“, el escritor describe el método que siguió en la escritura de “El cuervo“, afirmando que fue dicho sistema tan ‘frío’ el que utilizó. Muchas veces se ha cuestionado, sin embargo, si esto es cierto. El poeta T. S. Eliot declaró irónicamente al respecto: «Es difícil para nosotros leer este ensayo sin meditar que si Poe llevó a cabo el poema con ese cálculo, debería haberse tomado más molestias en ello: el resultado no acredita el método.»[196] El biógrafo Joseph Wood Krutch describió el ensayo como «un ingeniosísimo ejercicio en el arte de la racionalización».[197]

Crítica

Poe vivió siempre aislado de las corrientes culturales dominantes en su país, y sin embargo se embarcó en una batalla crítica que le ocupó los últimos quince años de su vida. Su cultura era abundante, pero no todo lo asombrosa que él intentó hacer ver; presentaba grandes lagunas. No hay que olvidar que su educación se redujo a sus años de colegio y al único año que pasó en la Universidad de Virginia.[198] Su acceso a las fuentes bibliográficas directas se veía casi siempre reemplazado por centones, resúmenes, exposiciones de segunda o tercera mano, aunque su inteligencia y su memoria hacían maravillas.[199] Un buen ejemplo de lo heterogéneo de sus gustos puede verse en el conjunto de ensayos titulado Marginalia. En uno de estos ensayos definió la crítica como una obra de arte.

Hoy es debatida su importancia como crítico. Mientras que Edmund Wilson opina que esta parte de su obra es el «conjunto crítico más notable producido en los Estados Unidos», otros estudiosos señalan su falta de valor.[200]

Poe no entraba nunca a juzgar las ideas expuestas en las obras, sus críticas eran literarias y sólo literarias, y en exceso ácidas y despiadadas en ocasiones, según recuerda su amigo Lowell. W. H. Auden, sin embargo, afirmó del Poe crítico: «Nadie en su época puso tanta energía en el intento de lograr que sus contemporáneos poetas tomaran su oficio en serio.»[201]

Poe denunciará el esnobismo anglicizante de sus contemporáneos, su servil sumisión a los autores de ultramar y al veredicto de los magisters de Londres y Edimburgo. Julio Cortázar, sobre esta faceta del autor, resume que en la enorme mayoría de los casos en sus críticas Poe tenía razón, y que sólo se equivocó al condenar literariamente al escritor Thomas Carlyle.[202]

Las ideas rectoras de Poe, tanto a efectos poéticos como críticos, eran la originalidad, que proponía como método de búsqueda del efecto literario, y el propio método, según supo ver muy bien Paul Valéry.[203] También otorgaba gran importancia a la seriedad o verosimilitud, en sus propias palabras.[204]

Legado e influencia

El alcance de la influencia de Poe en todos los ámbitos literarios es inabarcable. El crítico David Galloway ha resaltado que la misma se basa en «la fuerza de su profunda inteligencia creadora que pudo hacer cristalizar actitudes, técnicas e ideas que nos parecen particularmente modernas»,[205] pero es sobre todo por lo que respecta a sus repercusiones en el movimiento simbolista francés, en la estética poética del decadentismo inglés, en la génesis de la ficción detectivesca, en la configuración del motivo novelesco del Doppelgänger (el doble) o en la concepción de un arte narrativo afín a las teorías formalistas y estructuralistas.[206] Otras influencias no tan claras, aunque muy patentes: su incidencia en la ciencia-ficción, el sello del absurdismo grotesco en la narrativa sureña contemporánea, el impacto de su radicalismo estético en la poesía transcendentalista norteamericana, su aportación a la tradición gótica de la novela y el alcance de su filosofía científica y de sus conocimientos psicológicos y parapsicológicos, así como el de su crítica literaria.[207]

Durante toda su vida, Poe fue principalmente reconocido como crítico literario. Su amigo, también crítico, James Russell Lowell, lo llamó «el crítico más exigente, filosófico y sin miedo a obras imaginativas que ha escrito en América», aunque se preguntaba si alguna vez utilizaba ácido prúsico en lugar de tinta.[208] También muy conocido como escritor de ficción, fue uno de los primeros autores estadounidenses del siglo XIX en llegar a ser más popular en Europa que en su país.[209] El respeto que se le tiene en Francia es debido principalmente a las tempranas traducciones de su obra por parte de Charles Baudelaire, traducciones que pronto fueron consideradas definitivas en toda Europa.[210]

Las obras policíacas de Poe protagonizadas por el ficticio C. Auguste Dupin, fueron tierra abonada para toda la literatura del género posterior. Sir Arthur Conan Doyle declaró: «Cada una de estas obras constituye una raíz de la que ha brotado toda una literatura… ¿Dónde estaba la literatura policíaca antes de que Poe le insuflara el aliento de vida.»[211] La asociación Mystery Writers of America ha denominado en su memoria sus más importantes galardones: los Edgars.[212] Poe también influyó decisivamente en la ciencia-ficción, muy notablemente en Julio Verne, quien escribió una secuela de la novela poeana La narración de Arthur Gordon Pym. Verne la tituló La esfinge de los hielos.[213] El autor de ciencia-ficción H. G. Wells apuntó que «Pym narra todo aquello que una inteligencia de primer orden era capaz de imaginar sobre el Polo Sur hace un siglo».[214]

Al igual que otros artistas célebres, las obras de Poe han conocido multitud de imitadores.[215] Una corriente muy interesante es la de aquellos clarividentes o personas con poderes paranormales que se autoproclaman canales de ultratumba de la voz poética de Poe. Uno de los más singulares fue la poetisa Lizzie Doten, quien, en 1863, publicó Poems from the Inner Life (‘Poemas de la vida interior’), en el que aparecen presuntos poemas recibidos del espíritu de Poe. Estas piezas no eran más que refritos de poemas como “The Bells”, pero reflejando una nueva y positiva significación.[216]

Aunque jamás encontraría en España la larga estela de adeptos que ha tenido en Francia, es muy conocido su peso en el marco de la narrativa hispanoamericana, con Cortázar y Borges a la cabeza.[217] «La constante reedición de su obra narrativa, sin embargo, es indudablemente la prueba más fehaciente de que Poe continúa ejerciendo una influencia poderosa y magnética sobre el lector español. La escasez de estudios críticos en castellano merecería ser disculpada por este motivo.»[218]

Polémicas

Aun así, Poe no sólo recibió alabanzas. El poeta William Butler Yeats fue muy crítico con el bostoniano, llamándolo “vulgar”.[219] El transcendentalista Ralph Waldo Emerson reaccionó contra “El cuervo” afirmando: «Nada veo en él.»[220] y refiriéndose a su autor como “el hombre campanilla”,[221] frase que recuerda Borges en un escrito sobre Poe.[222] Aldous Huxley escribió que la escritura de Poe “incurría en la vulgaridad” al ser “demasiado poética”, y veía su equivalente en el hecho de llevar un anillo de diamantes en cada dedo.[223]

Ilustración para El cuervo (poema) a cargo de Gustave Doré (1884).

La polémica suscitada con su figura es muy llamativa, especialmente en lo que respecta a su poesía. El crítico Harold Bloom sitúa a Poe en el duodécimo lugar entre los poetas norteamericanos del siglo XIX y llama la atención sobre la sobrevaloración constante del autor por parte de la crítica francesa. Otros autores como Yvor Winters y Aldous Huxley, como hemos visto, se encuentran en la misma línea.[224] Fue sin embargo su dedicación al arte narrativo lo que definitivamente le consagró como genio literario y en donde puede el lector descifrar la riqueza y complejidad de toda su obra.[225]

Su controvertida figura se forjó en su patria principalmente a partir de las manipulaciones de sus enemigos literarios directos, Rufus W. Griswold o Thomas Dunn English, y también de primitivos análisis de corte psicoanalítico, como los practicados por Marie Bonaparte o Joseph Wood Krutch. Estas versiones deformadas y manipuladas perduraron no obstante durante muchas décadas, hasta que fueron puestas en entredicho y finalmente descartadas como grotescas y falsas, a través del estudio de grandes especialistas como John Henry Ingram y Arthur Hobson Quinn, ya bien entrado el siglo XX.[226]

Instituciones

En Estados Unidos existen varias instituciones dedicadas a la memoria de Poe y ubicadas en lugares en los cuales vivió el escritor. Entre otras, el “Edgar Allan Poe Museum” de Richmond. También se conserva su dormitorio en la Universidad de Virginia. Su casa de Baltimore, donde vivió a los 23,[227] es hoy el “Edgar Allan Poe House and Museum”, donde se halla la sede de la “Edgar Allan Poe Society”. De Filadelfia se conserva la última casa donde vivió. Ahora es el “Edgar Allan Poe National Historic Site”.[228] Su última casa de campo en el Bronx, de Nueva York, se conserva en su ubicación original como el “Edgar Allan Poe Cottage”.

Otros comentarios sobre el autor

En inglés

Robert Louis Stevenson hace de Poe un retrato no muy halagüeño en un artículo que publicó con motivo de la edición, en 1874, del libro Las obras de Edgar Allan Poe, si bien reconoce que tenía «el auténtico instinto del narrador».[229] La cita completa sobre “El Rey Peste” es como sigue: «Quien fue capaz de escribir “Rey Peste” dejó de ser un ser humano. Por su bien, y movidos por una infinita piedad hacia un alma tan extraviada, nos agrada darle por muerto.»[230] Más adelante, afirma: «Con verdadero instinto de narrador, ha relatado su historia como mejor le convenía y ha sacado el máximo provecho de su imaginación. Sin embargo, no siempre es ése el caso; pues, a veces, adopta una aguda voz de falsete; otras, por obra de algo semejante a un truco de magia, deriva de su historia más de lo que ha sabido invertir en ella; y mientras sobre la explanada la guarnición en pleno desfila ante nuestros ojos en carne y hueso, desde las almenas continúa él aterrándonos con cañones de pacotilla y múltiples morriones de fiero aspecto que penden de palos de escoba.»[231] Como característica más sorprendente del norteamericano propone su «poco menos que inverosímil agudeza en el resbaladizo terreno entre la cordura y la demencia»,[232] en relatos como “El hombre de la multitud“, “Berenice” y “El corazón delator“. Y si «es sobradamente ameno en la trilogía de C. Auguste Dupin (…) este despliegue de ingenio acaba por aburrirnos».[233]

El poeta y crítico T. S. Eliot mostraba sentimientos encontrados respecto a este autor: «En realidad, con Poe viene siempre a tropezar el crítico como juez. Si examinamos su obra en detalle nos parece no encontrar en ella más que frases desaliñadas, pensamientos pueriles que no tienen como base una extensa lectura ni estudios profundos, experimentos al azar en diversos géneros literarios, realizados principalmente bajo el apremio de una necesidad de dinero, sin perfección en ningún detalle. Pero esto no sería justo. Porque si, en lugar de examinar su obra analíticamente, nos alejamos para contemplarla en conjunto, vemos una masa de forma singular y de dimensiones impresionantes, a la que constantemente se vuelve la mirada. La influencia de Poe es asimismo desconcertante. En Francia ha sido inmensa la de su poesía y sus teorías poéticas. En Inglaterra y en Norteamérica parece casi insignificante. ¿Podemos señalar a algún poeta cuyo estilo manifieste que se ha formado en el estudio de Poe? El único nombre que se insinúa inmediatamente es el de Edward Lear[234]

“The Edgar Allan Poe National Historic Site”, en Filadelfia (Pennsylvania).

El destacado escritor de horror estadounidense H. P. Lovecraft opinó sobre su ilustre antecesor: «La fama de Poe ha sido objeto de las más curiosas vicisitudes y ahora está de moda entre la avanzada intelligentsia minimizar su importancia como escritor y su influencia. Sin embargo, le sería difícil a un crítico imparcial negar el enorme valor de su obra y la potencia penetrante de su pensamiento como creador de visiones artísticas.»[235] Poe inició un camino en la literatura, «fue el primero en darles ejemplo y enseñar un arte que sus sucesores, con el camino abierto y con su guía, pudieron desarrollar mucho más. Pese a sus limitaciones, Poe realizó lo que nadie había realizado o podía haber realizado, y a él debemos la novela de horror moderna en su estado final y perfecto.»[236] Sobre la fuerza de las imágenes de Poe, añadió: «De esta manera los espectros de Poe adquirieron una malignidad harto convincente que no poseían los de ninguno de sus antecesores y fundó un nuevo modelo de realismo en los anales del horror literario.»[237]

El escritor irlandés Padraic Colum, en la introducción a una edición inglesa de sus cuentos, afirma: «La frase “al margen” describe admirablemente la obra imaginativa completa de Poe, tanto en poesía como en prosa. Ambas son marginales, no centrales; nos llegan, no de la corriente principal de la vida, sino de los límites de la existencia.»[238] Relatos como “El barril de amontillado“, “El pozo y el péndulo” y “Ligeia” son «tan redondos y perfectos que no ofrecen superficie alguna de corte al cuchillo de la crítica». Colum destaca la gran fuerza dramática en las obras de Poe, lo que le hace lamentar que el norteamericano no se dedicase nunca al teatro[239] y, debido a su gran poder analítico, afirma que probablemente sus capacidades críticas superaban a las imaginativas (id.) Poe, por último, era un gran psicólogo más en su faceta de crítico que en la puramente creativa, y tenía un profundo conocimiento de los movimientos mentales relacionados con el miedo.[240]

El crítico estadounidense Harold Bloom incluye a Poe entre los escritores canónicos o fundamentales de la edad literaria que él denomina “democrática”, junto a compatriotas suyos como Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, Walt Whitman, etc., pero no estudia en profundidad su figura.[241] Bloom compara desventajosamente a Poe con Dickens, afirmando: «La fantasmagoría de Poe rara vez encontró un lenguaje adecuado a sus intensidades.»[242]

En francés

El poeta Charles Baudelaire sentía auténtica devoción por Poe. Ya en 1848, un año antes de la muerte de Poe, lo ponía por las nubes ante la publicación de su primer librito de cuentos en francés, comparándolo, “como filósofo”, con Diderot, Laclos, Hoffmann, Goethe, Jean Paul, Maturin y Honoré de Balzac.[243] En artículo posterior, ya muerto Poe, parece disculparlo por sus vicios: «Para ser del todo justo, debe achacarse una parte de sus vicios, y particularmente el de su embriaguez, a la severa sociedad en la que le recluyó la Providencia.»[244]

Baudelaire. Fotografía de Nadar

Y no le escatima elogios: filósofo, iluminado y sabio.[245] En una tierna dedicatoria de sus propias traducciones de Poe a la suegra de éste, Maria Clemm, declara que fue «uno de los poetas más grandes de este siglo».[246] En su trabajo de 1856 Edgar Allan Poe, su vida y sus obras, Baudelaire trata de imaginar el marco en que se produjo la tragedia del norteamericano: «¡Lamentable tragedia la de la vida de Edgar Poe! Su muerte, ¡desenlace terrible cuyo horror incrementa la trivialidad! Todos los documentos leídos me han llevado al conocimiento de que los Estados Unidos no fueron para Poe sino una vasta prisión que recorría con la agitación febril de un ser creado para respirar en un mundo más aromático —que el de una gran barbarie iluminada con gas—, y que su vida interior, espiritual, de poeta o incluso de borracho, no era sino un esfuerzo perpetuo por escapar a la influencia de esta antipática atmósfera. Despiadada dictadura la de la opinión en las sociedades democráticas; no imploréis de ella ni caridad, ni indulgencia.»[247]

El poeta Stéphane Mallarmé, en carta de 1876 a la poetisa que fue novia de Poe, Sarah Helen Whitman, manifestó: «Permita que le diga que alguien en París piensa en usted a menudo y se une a usted en la conservación de una profunda veneración respecto a ese genio que, probablemente, ha sido el dios intelectual de nuestro siglo. Gracias a la noble biografía de su amigo Ingram y al celo religioso con que Miss Rice se ha dedicado a la construcción de un monumento conmemorativo, hoy su figura ha sido reivindicada.»[248] Mallarmé dedicó a Poe un célebre soneto titulado “La tumba de Edgar Allan Poe”. Éste se inicia: «Tal como en sí mismo al fin la eternidad lo cambia, / El Poeta suscita con la espada desnuda / Su siglo espantado por no haber sabido / Que la muerte triunfaba en esa voz extraña.»[249]

El arte poético desarrollado por Poe en su controvertida Filosofía de la composición tiene su mejor continuador en el poeta Paul Valéry,[250] gran valedor también de Eureka (ensayo). Valéry, ya en su juventud, en carta a Mallarmé, reconoció: «Tengo en alta estima las teorías de Poe, aprendidas de modo tan profundo como insidioso; creo en la omnipotencia del ritmo y en especial en la frase sugerente.»[251]

El escritor y biógrafo francés Émile Hennequin traza una semblanza psicológica de Poe en la que coincide con otros autores: «El testimonio de quienes trataron a Poe, la conducta observada durante su vida y sus propias declaraciones muestran las continuas variaciones de su humor, oscilando entre la tristeza y una confianza desmedida. Pero resulta curioso que predominase precisamente este sentimiento de optimismo. Poe se empeñó en continuar creyendo, hasta su muerte, que por último conseguiría escapar de su miseria: el recuerdo de la serie ininterrumpida de sus fracasos no bastaba para aventar sus ilusiones. Aquella fiebre de esperanza se refleja de un modo especial en la tenacidad con que imaginaba poder dominar su tendencia al alcohol.»[252]

De este optimismo de Poe queda constancia en muchas de sus cartas, como en ésta a Annie Richmond de enero de 1849 (año de su muerte):

Empiezan a salirme las cosas a pedir de boca en lo tocante al dinero, gracias a que estoy mejor de ánimo, y pronto, muy pronto, espero, habré salido de mis estrecheces. No podría hacerse ni idea de lo industrioso que soy. He resuelto enriquecerme, triunfar, en nombre de su dulce amor.[253]

Sobre su personalidad y maneras, el crítico Michel Zéraffa anota: «Dotado de una gran inteligencia, Edgar Allan Poe era un hombre muy cortés pero de una fiereza sin igual, lo que le enemistó con numerosas personas. Sus amigos se sorprendían por su aspecto cuidado al extremo y la claridad de su elocución. Sus manuscritos se caracterizan por la consistencia, la regularidad y la elegancia de su escritura, además de por la ausencia de tachones. A menudo, escribía en hojas de cuaderno que posteriormente pegaba unas con otras hasta crear rollos. Sus manuscritos revelan una inteligencia que «no dormía nunca», una independencia extrema respecto a sus convicciones y que controla o busca siempre controlar una extraordinaria sensibilidad; después de todo, un “cerebral”.»[254]

El autor de su extensa biografía en francés, Georges Walter, se pregunta en la introducción a la misma si no fue en su país el único difunto algo conocido que, apenas enterrado, se vio cubierto de oprobio por un diario nacional. Recuerda seguidamente que después, durante más de un cuarto de siglo, se vio cómo «la gloria del poeta oscilaba entre lo pintoresco y lo sórdido, entre el anatema y el sollozo. Lo que sorprende no son las tribulaciones de sus huesos, por insólitas y extravagantes que fueran, sino la singularidad de una aventura póstuma transida de pasiones enfrentadas, las fluctuaciones de una posteridad privada por este molesto difunto de cualquier juicio justo, es decir, del reposo del espíritu». Puntualiza Walter que el episodio final de la vida de Poe presenta todos los indicios de un asesinato desdeñado por la justicia.[255]

En español

El escritor argentino Jorge Luis Borges, en el prólogo correspondiente a Poe de su “Biblioteca Personal” (1988), afirma: «La literatura actual es inconcebible sin Whitman y sin Poe (…) De índole agresiva y neurótica, fue sin embargo un firme trabajador y nos ha legado cinco generosos volúmenes de prosa y verso (…) Siempre abundó en “sonora autolástima” y su estilo es interjectivo.» Entre sus relatos, Borges destaca: “La verdad sobre el caso del señor Valdemar“, “Un descenso al Maelström“, “El pozo y el péndulo“, “Manuscrito encontrado en una botella” y “El hombre de la multitud“.[256] Borges escribió un soneto en homenaje a Poe que se abre: «Pompas del mármol, negra anatomía / que ultrajan los gusanos sepulcrales, / del triunfo de la muerte los glaciales / símbolos congregó. No los temía.»[257]

El poeta nicaragüense Rubén Darío, en su libro Los raros, calificó a Poe de «príncipe de los poetas malditos». Añadió: «La influencia de Poe en el arte universal ha sido suficientemente honda y transcendente para que su nombre y su obra sean a la continua recordados. Desde su muerte acá, no hay año casi en que, ya en el libro o en la revista, no se ocupen del excelso poeta americano, críticos, ensayistas y poetas. La obra de Ingram iluminó la vida del hombre; nada puede aumentar la gloria del soñador maravilloso.»[258]

Uno de los grandes conocedores del autor, el argentino Julio Cortázar, destaca en la obra de Poe un elemento esencial: «De la totalidad de elementos que integran su obra, sea poesía, sean cuentos, la noción de anormalidad se destaca con violencia. A veces es un idealismo angélico, una visión asexual de mujeres radiantes y benéficas; a veces esas mismas mujeres incitan al entierro en vida o a la profanación de una tumba, y el halo angélico se cambia por un aura de misterio, de enfermedad fatal, de revelación inexpresable; a veces hay un festín de caníbales en un barco a la deriva, un globo que atraviesa el Atlántico en cinco días, o la llegada a la Luna después de asombrosas experiencias. Pero nada, diurno o nocturno, feliz o desgraciado, es normal en el sentido corriente, que incluso aplicamos a las anormalidades vulgares que nos rodean y nos dominan y que ya casi no consideramos como tales. Lo anormal, en Poe, pertenece siempre a la gran especie.»[259]

Es muy conocida la adscripción poeana del narrador uruguayo Horacio Quiroga. En el “Decálogo del perfecto cuentista” de este autor, el primer mandamiento reza lo siguiente: «Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chéjov— como en Dios mismo.»[260]

Sobre el Poe ensayista de “Filosofía de la composición“, escribió el filósofo español Fernando Savater: «¿Qué pensar de esta sorprendente desmitificación de las musas que, según tradición, soplan en la frente de los poetas? Lo más obvio es declarar este texto como un ingenioso tour de force, en el que, a partir del poema ya compuesto, Poe deduce el funcionamiento de cada una de sus partes sobre el ánimo del impresionado lector, fingiendo que todo estaba previsto; esta opinión está confirmada por el mismo Poe que declaró su escrito —y me extraña que Cortázar no lo mencione— “a mere hoax”, una simple mixtificación.»[261] Sobre los apuntes de Marginalia: «Aquí triunfa su gusto arbitrario, pero siempre razonado a su modo; su erudición apócrifa, en la que precede a Borges; su concepción elevada y valerosa de la vida.»[262]

Obras selectas

Cuentos

Poesía

  • “Tamerlane” (“Tamerlane”) (1827)
  • “A…” (“A…”) (1827)
  • “Sueños” (“Dreams”) (1827)
  • “Espíritus de los muertos” (“Spirit of the Dead”) (1827)
  • “Estrella del anochecer” (“Evening Star”) (1827)
  • “Un sueño” (“A Dream”) (1827)
  • “El día más feliz, la hora más Feliz” (“The Happiest Day, The Happiest Hour) (1827)
  • “El lago: A …” (“The Lake: To …”) (1827)
  • “Al Aaraaf” (“Al Aaraaf”) (1829)
  • “Soneto a la Ciencia” (“Sonnet To Science”) (1829)
  • “Solo” (“Alone”) (1829)
  • “A Elena” (“To Helen”) (1831)
  • “La ciudad en el mar” (“The City in the Sea”) (1831)
  • “La durmiente” (“The Sleeper”) (1831)
  • “El valle de la inquietud” (“The Valley of Unrest”) (1831)
  • “Israfel” (“Israfel”) (1831)
  • “El Coliseo” (“The Coliseum”) (1833)
  • “A alguien en el paraíso” (“To Someone in Paradise”) (1834)
  • “Himno” (“Hymn”) (1835)
  • “Soneto a Zante” (“Sonnet to Zante”) (1837)
  • “Balada nupcial a …” (“Bridal Ballad to …”) (1837)
  • “El palacio encantado” (The Haunted Palace) (1839)
  • “Soneto del silencio” (“Sonnet-Silence”) (1840)
  • Lenore” (“Lenore”) (1843)
  • “Tierra de sueños” (“Dream Land”) (1844)
  • El cuervo (“The Raven”) (1845)
  • “Eulalie, una canción” (Eulalie, A Song”) (1845)
  • Ulalume” (1847)
  • “Un sueño dentro de un sueño” (“A Dream Within a Dream”) (1849)
  • Annabel Lee” (1849)
  • “Las campanas” (“The Bells”) (1849)
  • “A mi madre” (“To My Mother”) (1849)

Novela

Ensayo y crítica

  • Filosofía de la composición” (“The Philosophy of Composition”) (1846)
  • “El principio poético” (“The Poetic Principle”) (1848)
  • Eureka (ensayo) (1848)
  • “Charles Dickens”
  • “Longfellow”
  • “Hawthorne”
  • “Criptografía”
  • “Arabia pétrea”
  • Marginalia (1844-49)

Referencias

En inglés

  • Poe, Edgar Allan. Tales of Mistery and Imagination. Introduction by Padraic Colum. Dent & Duton. London-New York, 1976 ISBN 0-460-01336-X
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  • Hoffman, Daniel (1998). Poe Poe Poe Poe Poe Poe Poe, Paperback ed. edición, Baton Rouge, La.: Louisiana State University Press. ISBN 0807123218.
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  • Quinn, Arthur Hobson (1941). Edgar Allan Poe: A Critical Biography. New York: Appleton-Century-Crofts, Inc.. ISBN 0801857309.
  • Rosenheim, Shawn James (1997). The Cryptographic Imagination: Secret Writing from Edgar Poe to the Internet. Baltimore: Johns Hopkins University Press. ISBN 9780801853326.
  • Silverman, Kenneth (1991). Edgar A. Poe: Mournful and Never-Ending Remembrance, Paperback ed. edición, New York: Harper Perennial. ISBN 0060923318.
  • Sova, Dawn B. (2001). Edgar Allan Poe: A to Z, Paperback ed. edición, New York: Checkmark Books. ISBN 081604161X.
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En español

  • Poe, Edgar Allan: Cuentos 1 y Cuentos 2. Intr. Julio Cortázar. Alianza Editorial. Madrid, 1975-1977. ISBN 84-206-1989-2 (O.C.)
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  • —. Poesía completa. Prólogo Emile Hennequin. Ediciones 29. Barcelona, 1977. ISBN 84-7175-071-6
  • —. Narración de Arthur Gordon Pym. Prólogo de Julio Cortázar. Alianza Editorial. Madrid, 1979. ISBN 84-206-1341-X
  • —. Eureka. Prólogo de Julio Cortázar. Alianza Editorial. Madrid, 1972. Dep. legal M. 7886-1972
  • —. Ensayos y críticas. Intr. Julio Cortázar. Alianza Editorial. Madrid, 1973. ISBN 84-206-1464-5
  • —. Cartas de un poeta (1826-1849). Edición de Barbara Lanati. Grijalbo-Mondadori. Barcelona, 1995. ISBN 84-253-2661-3
  • —. La ciencia ficción de Edgar Allan Poe. Intr. Domingo Santos. Ultramar, 1990. ISBN 84-7386-375-5
  • —. Obras inmortales. EDAF. Madrid, 1986 ISBN 84-7166-014-8
  • —. Escritos sobre poesía y poética. Hiperión. Madrid, 2001. ISBN 84-7517-681-X
  • —. Relatos. Edición de Félix Martín. Cátedra. Madrid, 2000. ISBN 84-376-0748-5
  • Baudelaire, Charles: Edgar Allan Poe. Visor. Madrid, 1989. ISBN 84-7774-522-6
  • Walter, Georges: Poe (biografía). Anaya & Mario Muchnik. Madrid, 1995. ISBN 84-7979-167-5
  • Eliot, T. S.: Criticar al crítico. Alianza Editorial. Madrid, 1967. Dep. legal M. 8.087-1967
  • Stevenson, Robert Louis: Ensayos literarios. Hiperión. Madrid, 1983. ISBN 84-7517-086-2
  • Lovecraft, H. P.: Necronomicón II. (ensayo El horror sobrenatural en la literatura). Barral. Barcelona, 1973. ISBN 84-211-7376-6
  • Borges, Jorge Luis: Obras completas. RBA. Barcelona, 2005. ISBN 84-473-4505-X (O.C.)
  • Bloom, Harold: El canon occidental. Anagrama. Barcelona, 2005. ISBN 84-339-6684-7
  • Mallarmé, Stéphane: Poesía. Librerías Fausto. Buenos Aires, 1975. Dep. legal 11.723
  • Savater, Fernando: Poe y Stevenson. Editorial Límite. Santander, 2002. ISBN 84-88498-52-7

Bibliografía reciente en castellano

Biografía

  • Ackroyd, Peter (2009). Poe. Una vida truncada. Traducción de Bernardo Moreno. Tapa dura. Barcelona: Edhasa. ISBN 978-84-350-2699-4.

Notas

  1. Stableford, Brian. “Science fiction before the genre.” The Cambridge Companion to Science Fiction, Eds. Edward James and Farah Mendlesohn. Cambridge: Cambridge University of Press, 2003. pp. 18 – 19.
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  3. Meyers, 119
  4. Meyers, 256
  5. Tzvetan Todorov, Introduction à la littérature fantastique, Paris, Le Seuil, 1970, 187 pages, p. 53 ISBN. 2020020351.
  6. Jacques Catteau, Dostoïevski, Éditions de l’Herne, 1973, 376 pages, p. 290
  7. Google Books. Consultado 25/09/2008
  8. Google Books. Consultado 25/09/2008
  9. “Poe’s Seductive Influence on Great Writers” De Burton Pollin
  10. Edgar Allan Poe. Cartas de un poeta. Ed. Grijalbo-Mondadori – Barcelona, 1995. ISBN 84-253-2661-3 p. 201
  11. Texto original: My life has been whim–impulse–passion–a longing for solitude–a scorn of all things present, in an earnest desire for the future. “Letters” en la web de la E. A. Poe Society of Baltimore
  12. Walter, p. 44-47
  13. Allen, Hervey. Introducción a The Works of Edgar Allan Poe, New York: P. F. Collier & Son, 1927.
  14. Nelson, Randy F. The Almanac of American Letters. Los Altos, California: William Kaufmann, Inc., 1981: 65. ISBN 0-86576-008-X
  15. Canada, Mark, ed. “Edgar Allan Poe Chronology“. Canada’s America. 1997. Bajado el 3 de junio de 2007.
  16. Walter, p. 50
  17. Walter, 45-61
  18. Walter, p. 53
  19. Walter, 6o
  20. Cortázar en intr. Cuentos, p. 10
  21. Quinn, 61
  22. Meyers, 9
  23. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 9 y 10
  24. Silverman, 16 – 18
  25. Walter, p. 66-67
  26. Walter, p. 72
  27. Walter, p. 73
  28. Walter, p. 71
  29. Walter, p. 71-72
  30. Walter, p. 77
  31. id.
  32. Silverman, 27 – 28
  33. Walter, p. 85
  34. Walter, p. 86
  35. Silverman, 29 – 30
  36. Meyers, 21 – 22
  37. intr. Cuentos I, p. 7
  38. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 16-17
  39. Silverman, 32 – 34
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  43. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 18
  44. Meyers, 33 – 34
  45. Meyers, 35
  46. Walter, 131
  47. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 18
  48. Walter, p. 136
  49. Silverman, 43 – 47
  50. Meyers, 38
  51. Cornelius, Kay. “Biography of Edgar Allan Poe”, Bloom’s BioCritiques: Edgar Allan Poe, Ed. Harold Bloom, Philadelphia: Chelsea House Publishers, 2002. pp. 13 – 14 ISBN 0-7910-6173-6
  52. Sova, 5
  53. Walter, 146-147
  54. Krutch, 32
  55. Cornelius, Kay. “Biography of Edgar Allan Poe”, Bloom’s BioCritiques: Edgar Allan Poe, Ed. Harold Bloom, Philadelphia: Chelsea House Publishers, 2002. p. 14 ISBN 0-7910-6173-6
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  57. Hecker, William J. Private Perry and Mister Poe: The West Point Poems. Louisiana State University Press, 2005. pp. 49 – 51
  58. Meyers, 50 – 51
  59. Hecker, William J. Private Perry and Mister Poe: The West Point Poems. Louisiana State University Press, 2005. pp. 53 – 54
  60. Quinn, 187 – 188
  61. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 23
  62. Whalen, 64
  63. a b Quinn, 305
  64. Silverman, 247
  65. Whalen, 74
  66. Silverman, 99
  67. Whalen, 82
  68. Meyers, 139
  69. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 26
  70. Sova, 225
  71. Meyers, 73
  72. Meyers, 85
  73. Walter, 242
  74. Silverman, 124
  75. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 30-31
  76. Meyers, 113
  77. Sova, 39, 99
  78. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 31
  79. Meyers, 119
  80. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 33
  81. Silverman, 179
  82. Quinn, 321 — 322
  83. Silverman, 186
  84. Meyers, 144
  85. Silverman, 187
  86. Silverman, 188
  87. a b Sova, 34
  88. Quinn, 455
  89. Hoffman, 80
  90. Ostrom, John Ward. “Edgar A. Poe: His Income as Literary Entrepreneur”, Poe Studies 5.1 (1982): 5
  91. Silvermann, 287
  92. Meyers, 190
  93. Cortázar, Introducción a Cuentos, p. 41
  94. Weekes, Karen. “Poe’s feminine ideal,” The Cambridge Companion to Edgar Allan Poe, Ed. Kevin J. Hayes. Cambridge University Press, 2002. p. 149. ISBN 0-521-79727-6
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  97. Benton, Richard P. “Friends and Enemies: Women in the Life of Edgar Allan Poe”, Myths and Reality: The Mysterious Mr. Poe. Baltimore: Edgar Allan Poe Society, 1987. p. 19 ISBN 0-9616449-1-5
  98. Quinn, 628
  99. Quinn, 638
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  102. Bramsback, Birgit (1970). “The Final Illness and Death of Edgar Allan Poe: An Attempt at Reassessment”, Studia Neophilologica (University of Uppsala), XLII. p. 40
  103. Silverman, 435 – 436
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  109. Cartas de un poeta, p. 338
  110. Meyers, 259. Para leer la esquela entera véase en en:wik Edgar Allan Poe obituary en Wikisource.
  111. a b Hoffman, 14
  112. Quinn, 693
  113. Sova, 101
  114. Meyers, 263
  115. Quinn, 699
  116. intr. Relatos, p. 46
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  118. Walter, 186
  119. intr. Relatos, p. 70 y 87
  120. Cortázar en intr. Ensayos y críticas, p. 42
  121. intr. Relatos, p. 75
  122. intr. Relatos, p. 48
  123. intr. Ensayos y críticas, p. 9
  124. intr. Ensayos y críticas, p. 44
  125. intr. Ensayos y críticas, p. 50
  126. intr. Ensayos y críticas, p. 27
  127. Notas en Cuentos II, p. 488
  128. Notas en Cuentos II, p. 489
  129. Meyers, 64
  130. prólogo a Tales of Mistery and Imagination, p. IX
  131. trad. libre Tales of Mistery and Imagination, p. 286
  132. a b Royot, Daniel (2002). “Poe’s Humor”, The Cambridge Companion to Edgar Allan Poe. Cambridge University Press. ISBN 0-521-79727-6. p. 57.
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  134. intr. Ensayos y críticas, p. 39
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Véase también

Enlaces externos

En español

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